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Autos Clásicos: Ford Edsel

12 ago Posted by in AutoClásico, noticias | Comments
Autos Clásicos: Ford Edsel

     Uno de los fracasos comerciales más sonados de la industria del automóvil fue el Ford Edsel de 1958 que era cualquier cosa menos un mal auto. Pero hay frutos que, ¡ay!, nacen con el pie izquierdo…

Por Greg Sánchez (greg@autoempresas.net)

         EEUU.- Agosto 12 de 2010.- Autoempresas.- Para la época en que en la comedia de televisión I Love Lucy, desde el umbral de su apartamento en Nueva York, cuando Ricky Ricardo le anunciaba con dulzura a su mujer, Lucy, I’m home!, Estados Unidos parecía incapaz de un fracaso. Sin embargo, no todo era color de rosa en Pleasantville.

     Aunque se dice poco, el país estaba en recesión, a pesar de que el momento se enmarcaba en los florecientes Estados Unidos de la posguerra. Las ventas de coches habían caído. Y 1958, el año fundamental de nuestra historia, fue probablemente el más negro del mercado automotor estadounidense después de terminada la Segunda Guerra Mundial. Ello pudo haber influido en el fiasco del Ford Edsel.

     Uno de los fracasos comerciales más sonados de la industria del automóvil fue el Ford Edsel de 1958 que era cualquier cosa menos un mal auto. Pero hay frutos que, ¡ay!, nacen con el pie izquierdo…

     Dicen que Henry Ford no se llevaba con su hijo Edsel Bryant. Desafortunadamente, Edsel no heredó de su genial progenitor esa personalidad impositiva o recalcitrante que lo llevo al éxito. Además, Edsel amaba a los carros, pero de la forma antigua, también de la forma anticuada de hacer negocios; pero para colmo, murió antes de llegar a los 50 años. Entonces Henry Ford II (hijo de Edsel), con tal de honrar la memoria de su padre, Edsel, ordenó hacer un carro fabuloso que llevara el nombre de su papá.

     En realidad, esto es más bien poesía. El origen del Edsel Ford se debió a que la compañía quería diversificarse. Los clientes del eterno rival, General Motors, podían escoger entre Chevys, Olds, Caddys, Buicks y Pontiacs; los de Ford, sólo Ford, Lincoln y Mercury. Era la época de Robert McNamara como Vicepresidente de la compañía, y todavía faltaban unos años para que Lee Iacocca, que ya andaba por allí, inventara el Ford Mustang. Así nació el Edsel. Grande, potente, distinguido y moderno. En cambio, no pegó en el público.

     El distintivo primordial del Edsel, el ornamento central de la parrilla delantera, un escudo basado en el collar para caballos de carrera ganadores con la palabra Edsel dispuesta verticalmente dentro de él, fue considera por los consumidores, indignante. Los más sarcásticos dijeron que tenía forma de bostezo, infiriendo que aburrido. Esta forma extemporánea, tal vez le parecía al público de la época una reinterpretación del patrón frontal estético de los autos de los 40, todavía demasiado próximos, y por tanto, anticuado. Pero el Edsel ’58 era toda una promesa de futuro. Su Teletouch, un juego de botones al centro del volante para controlar eléctricamente los cambios de la transmisión automática, gracias a un sistema planetario ¡se mantenía estático y no giraba con las vueltas del timón!

     Otras muchas particularidades originales en el Edsel luego fueron aplicadas en autos por venir, como los frenos autoajustables, la transmisión que se trancaba al ponerla en Parking, el capó liberado eléctricamente desde dentro del carro, los cristales ahumados, el retrovisor antidestellos, y la luz de cortesía sobre el motor y en el baúl. La pizarra era bellísima. El velocímetro consistía en un cono trunco flotante que rotaba mientras la aguja se mantenía fija. Además, el Edsel era poderoso: tenía un motor V8 de 410 pulgadas cúbicas y 345 caballos de fuerza.

     Tras trabajar arduamente en el vehículo y en gran secreto, finalmente el día en que el flamante Edsel llegó a los concesionarios fue el 4 de septiembre de 1957. Justamente un mes después América, la vanguardia tecnológica del mundo, se sumía en una desconsoladora depresión cuando se enteró que la URSS, un país tan técnicamente atrasado cuya magra televisión de entonces usaba la frecuencia de AM en vez de FM, puso en órbita el primer Sputnik. Ford pensaba vender en los años inmediatos al lanzamiento unas 200 mil unidades. No fue así.

     El Edsel parecía hijo de las circunstancias, la conspiración y la fatalidad. Para decirlo en dos palabras: apadrinado por la mala suerte.

     Algunas partes del auto no estaban bien fijas y otras incluso faltaban. La cosa empeoraba porque el abastecimiento de repuestos no estaba aún listo para enfrentar los reclamos y ya sabemos que el consumidor norteamericano tiene malas pulgas para un servicio deficiente. Por otro lado McNamara, por alguna razón desconocida, se desentendió de la atención que el coche necesitaba. Además era caro. Su precio promedio era de $3,500.

     Con una papa caliente en las manos, la compañía hizo esfuerzos por mercadear el Edsel. ¡Un comprador que adquiriera uno podría ganarse un pony!

     También, se transmitió un especial de televisión de una hora en CBS conducido por Frank Sinatra, Bing Crosby y Louis Armstrong para promover el auto. Nada funcionó. Las ventas seguían bajando. Entonces Ford decidió tirar la toalla. Aunque el Edsel siguió saliendo al mercado por unos tres años más, lo hizo bajo una moratoria a su sentencia, porque tan temprano como en noviembre de 1959 la compañía decidió descontinuarlo.

     ¿Cruel destino? No realmente: a pesar de que el Ford Edsel es otro de esos autos al que, injustamente, la vida le jugó una mala pasada, hoy es un clásico de los 50. Coleccionistas pagan cifras insólitas por este clásico. La gloria merecida llega tarde, pero siempre llega…

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